Lo primero, aclaro que no soy un experto en el tema de riesgos, el termino evoca algo peligroso y aburrido, pero sigue leyendo porque verás que, de lo aburrido, hay veces sale lo que le va a salvar a uno el pellejo. Todo gerente y dueño de negocio debe ser su propio auditor de riesgos.

Hace unos días, terminé de leer un libro publicado por la universidad CESA en Colombia, llamado “Pérdidas catastróficas en derivados: historias globales”. La moraleja de todos los casos presentados, es que generalmente una mesa de traders tomó riesgos que nadie en la organización entendía o quería entender.

Caso banco Barings

El caso más icónico es el del banco inglés Barings, el cual fue llevado a la quiebra en febrero de 1995 por uno de sus traders en Singapur, el famoso Nick Leeson de quien luego se hizo una película llamada “Rogue Trader”, quien tomando posiciones arriesgadas especulando en derivados, terminó generando una pérdida total del capital del banco lo que significó que la pérdida total para los propietarios (la familia Barings desde los 1800’s y todos sus acreedores) quienes tuvieron que vender por 1 libra esterlina (una) el banco a la gestora de fondos anglo-holandesa ING en un acuerdo de salvamento gestionado por el gobierno británico.

Leeson fue el genio de la oficina de Singapur que siempre había generado unas ganancias excepcionales, hasta que se destapó que todas las pérdidas que el había generado en los últimos tres años estaban escondidas en una cuenta contable llamada la cuenta de error #88,888 la cual el había hecho excluir de todos los informes que enviaba a Londres. Como el había contratado a todo el back-office de la oficina de Singapur, dicha cuenta no era mencionada ni cuestionada. Nadie en Londres sabía de su existencia. De manera que el registro contable de las operaciones quedaba dividido en que las ganancias si se reportaban y las perdidas se llevaban a la cuenta #88,888.

El registro contable de las operaciones quedaba dividido en que las ganancias si se reportaban y las perdidas se llevaban a la cuenta #88,888.

Finalmente, la mentira alcanzó al banco, cuando la bolsa japonesa SIMEX informó a Barings el cumplimiento de sus posiciones abiertas. Nadie en Londres tenía en el radar, los compromisos en los que el banco se había comprometido por motivo de la especulación de la oficina de Singapur.

La lección es que los riesgos existen y es muy fácil esconderlos en una contabilidad, a menos de que haya un control interno y externo eficiente que conozca el negocio por adentro.

Conoce tu negocio por dentro

En una consultoría que hice hace un par de meses y cuyo nombre me reservo, fui junto con un brillante abogado, quien descubrió un fraude contable donde el gerente por medio de una manipulación de los libros, hacía cobros indebidos en un mercado regulado por el gobierno, así como incumplir toda clase de normas laborales, operacionales y tributarias. Todo un cóctel de riesgos en un negocio que es un campo minado jurídico. No es nada agradable ser quien encuentra un fraude por parte de una persona de supuesta confianza.

La moraleja de esa consultoría, fue que la junta directiva que me contrató, no tenía conocimiento del negocio en el que estaba metido. Siendo esta una empresa propiedad de una entidad sin ánimo de lucro, el trabajo de junta era algo ad-honorem y que los miembros hacían de buena fe y sin remuneración alguna, pero cargando todas las responsabilidades jurídicas de administradores que otorga el código de comercio colombiano.

Confieso que cuando fui empresario industrial, conocía de cuentas contables que manejaba el contador de supuesta confianza, donde se hacían los ajustes por pérdidas de inventarios y cartera. Sabía que esas cuentas estaban allí, pero nunca las examinaba a detalle, por exceso de confianza en el funcionario. También por allí fui víctima de fraudes y trampas.

Comúnmente creemos que una revisoría fiscal es quien se encarga de auditar una contabilidad, pero realmente nada podría estar más lejos de la realidad. Ellos solo verifican que el pago de impuestos sea el correcto, no son un control externo.

En mi concepto, empresario que no haya sufrido de fraude, es aún empresario teórico o de papel. Estos fraudes son dolorosos y costosos. En mi caso los fraudes se daban en los manejos de inventarios, donde siempre se “descubría” un hueco cada X meses.

Estos riesgos, pueden se calculados y medidos, y se pueden llevar de manera que no sea catastrófica la pérdida. Esto se hace conociendo el riesgo y presupuestándolo o mejor aún, eliminando al máximo la posibilidad de que ocurra.

Los cisnes negros

Hay riesgos tipo “cisne negro”, que no están contemplados, pero cuando ocurren son absolutamente catastróficos. Me refiero a casos como demandas, accidentes, investigaciones entre muchos otros escenarios. Creer que, por que se cuenta con una póliza de seguros, ya el riesgo se transfirió es ingenuo y risible. El que piense eso es porque quizás jamás ha leído las cláusulas de su póliza.

En mi informe de consultoría detallé un par de “cisnes negros”, que, por la consecuencia catastrófica posible, fácilmente repetirían lo ocurrido al banco Barings y ninguno de sus directores se hubiese dado cuenta, asumiendo toda la carga legal. De corazón espero que dicha organización limite sus riesgos, su junta aprenda de en qué negocio está y cuente con auditoría interna y externa que evite que los riesgos extremos la destruyan.

Recientemente una cooperativa de caficultores en Antioquia, Colombia, sufrió el caso de que su gerente jugó a ser Nick Leeson y haciendo maniobras en la bolsa de valores de Nueva York perdió un monto aproximado a los 26 millones de dólares y dejó pasivos de 45 millones de dólares, dejando a dicha cooperativa intervenida por el gobierno, el capital de los 3,800 socios totalmente perdido y una economía de 78,750 familias cafeteras en la región del suroeste fuertemente afectadas. Seguro en su momento fue un gerente que mostro unas magníficas utilidades y fue muy alabado por ello. Hoy es el causante de la ruina de la cooperativa. De héroe a villano.

A los que no creen que los riesgos tipo “cisne negro” existen. ¡Abran los ojos! Los casos están todos los días a la vista en mayor o menor medida.

El dueño auditor

El mensaje para los emprendedores y empresarios es: la auditoría de riesgos es de vida o muerte y nadie mejor que el dueño del negocio para ponerse el sombrero de auditor, contar con asesoría externa en auditoria y fríamente desde la distancia aprender a inspeccionar esas cuentas contables de “ajustes” o errores que no entiende muy bien. Que no sea que allí este escondida la semilla de la destrucción.

La lección me la dio un profesor americano en el bachillerato: Él decía que una de las lecciones principales del mundo del trabajo y los negocios era “Cover your ass”, traducido a “cubrirse el culo”. Aproximadamente 20 años después, su sabiduría retumba en mi cabeza. Hacerse el de la vista gorda o como se llama criollamente “el pendejo” no es una estrategia inteligente y viable para el manejo de riesgos, pero como estrategia política siempre ha sido brillante cuando las consecuencias las pagan otros.

Recuerden: el dueño de empresa no tiene a quien pasarle las consecuencias a diferencia del político. Dudas, inquietudes y comentarios: contactame y te contare más de este tema.

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